Dr. Ion Cociu, especialista en cirugía de columna vertebral: “Me considero rumano y nunca he descartado la posibilidad de volver a casa”

El melodioso acento de Besarabia, la sonrisa alegre y la firmeza de las manos son los primeros aspectos con los cuales nos recibe el médico Ion Cociu. Todo su lenguaje corporal emana seguridad, amistad y apertura. Habla de él mismo relajado y con mucha modestia, aunque la experiencia alcanzada hasta ahora y su trayectoria destacan por ser excepcionales. Es especialista en cirugía de columna vertebral y es parte de un equipo de élite del Hospital Manises de Valencia, España.

Tiene 43 años, está casado con Oana (también médico, especializada en nefrología) y tienen tres hijos. “A todos los tuve después del primer año como residente”, nos cuenta el médico. “En un momento dado, me preguntaban qué eran, si se habían nacido en España, pero nosotros, los padres, somos rumanos. Les dije amablemente que es sencillo: si el padre es gato, vosotros sois gatos. Si el padre es perro, los hijos son perros. Si el padre es rumano, vosotros sois rumanos.”

Ion Cociu nació en Basarabia, pero había vivido desde pequeño en Cuba, gracias a las relaciones diplomáticas entre la vieja URSS y este país y el sector en el que trabajaron sus padres. Hasta los 13 años, vivió en Cuba, estudiando „el español, el cual se convirtió en la tercera lengua para mí, después del rumano y ruso, porque el ruso nos fue dado a todos los nacidos en Besarabia para hablarlo,” narra el médico. Después de la caída del URSS, su familia se estableció en Rumanía, y de aquí, en el período que fue estudiante, la vida le llevó en España, donde se estableció hace 20 años. Sobre opciones, retos que parecen imposibles, pero resultan ser tangibles, sobre la pasión por la profesión y sobre el país al cual pertenece, el médico Ion Cociu contó a Occidente Rumano, socio de medios en el proyecto Stars4Media – „Connecto: Towards European Values Through Digital Media. The Live Streaming Hub”.

„En España nunca sentí que fui discriminado porque era rumano”

„Estuve viviendo desde pequeño en Cuba y, aunque teníamos escuelas especiales para el cuerpo diplomático, mi padre decidió llevarme a una escuela cubana normal. No entendí en ese momento porqué, pero después de que los años pasaron me di cuenta de que me ofreció una experiencia única de conocer la lengua y la cultura cubanas en totalidad. Después de la caída de la URSS, los cubanos nos echaron, así que nos establecimos en Rumanía, en Huși, donde fui al instituto. Allí conocí a Oana, mi esposa actual, fuimos compañeros de clase. Desde entonces estamos juntos.

Los dos hemos estudiado medicina en “Carol Davila” en Bucarest, y en el cuarto año decidimos venir en España. Esto estaba pasando en los años 2000. ¿Por qué España? Porque el español es el único idioma extranjero que conocíamos y porque éramos jóvenes, pensamos que iba a ser una aventura. No sabíamos si nos iban a dejar ejercer medicina, pero sabíamos que, en casa, en Rumanía, podíamos volver siempre”, nos cuenta el médico rumano.

Ion y Oana fueron los primeros estudiantes rumanos que llegaron a la Facultad de Medicina de Santander (el norte de España, la región de Cantabria). Fueron aceptados para continuar los estudios allí, trabajaron en diversos campos a lo largo de la facultad, para subsistir y se presentaron a la residencia. “Una cosa por la cual aprecio mucho España es que tiene un sistema muy correcto. Pone a todos en la misma línea y mide con la misma regla. El examen es duro, de cinco horas, 250 preguntas. Dependiendo de la nota que recibes se te asigna un número y puedes elegir la especialidad. Yo reconozco que no fui un estudiante excepcional, de 10 , pero supe que tengo la misma oportunidad como cualquier español si obtengo una nota buena a la residencia.”, explica Ion Cociu.

Confiesa que en ese período quiso especializarse en enfermedades infecciosas, así que eligió esta área. Recibió una beca en Brasil para estudiar las enfermedades infecciosas tropicales y pasó tres meses en la selva amazónica. „Estuve viviendo en Manaus, la capital de Amazonas. Tenían un hospital – barco, con el que subíamos durante una semana por el Amazonas y luego parábamos cada día en otras regiones, a una distancia de 50 kilómetros una de la otra, arrimando dos mesas y los habitantes de todas las tribus venían, sabiendo que era el día en el cual vienen los médicos. Venían solamente mujeres, los hombres eran bastante orgullosos para venir al chequeo, ¡ellos nunca se enfermaban! Tuve un caso en un momento dado con una niña de 16 años, que nos decía que desde hace dos años intentaba quedar embarazada y no podía… ¿Os dais cuenta que choque fue para mí al oír algo así?

„En el segundo o tercer año de esta residencia me di cuenta de que me gusta la cirugía de la columna vertebral y me orienté exclusivamente hacia esto. Me ofrecieron una beca en Londres, por parte de AO Spine (sociedad europea de la cirugía de la columna). Aunque al principio pensaba mudarme allí con la familia, y profesionalmente hablando, la experiencia no fue una muy buena, en Inglaterra sentí por primera vez que soy discriminado por ser rumano. Nunca sentí esto en España, en 20 años. Nunca me trataron como alguien diferente. Así que, aunque me habían ofrecido la posibilidad de quedarme en Inglaterra, decidí volver en España después del final de la beca. Aquí soy desde hace cuatro años parte de un equipo de especialistas en la cirugía de la columna vertebral, usamos prácticas mínimo invasivas, operamos con el microscopio y somos una combinación entre la neurocirugía y la traumatología”, explica el médico Ion Cociu.

„Entre el cirujano y la médula espinal es una relación de amor-odio”

¿Qué le hizo elegir un campo tan delicado como el de la columna vertebral? „Siempre me atrajeron las cosas que parecen imposibles, los retos. Por ejemplo, en el período de la residencia, un día decidí ir sin el coche al hospital, sino con la bicicleta. Vivía a 35 kilómetros de distancia, así que me despertaba cada día a las 5 de la mañana para llegar a tiempo. Después del primer día, recuerdo que llamé a mi suegro, que estaba de visita para que viniera a recogerme con el carro, que ya no podía más”, se ríe Ion, recordando el momento.

„Pero persistí y, luego, durante tres años, solo así me iba al trabajo. La columna vertebral me atrajo porque es un reto muy grande. Aquí, cualquier traumatólogo puede poner una prótesis de rodilla, por ejemplo, o una prótesis de cadera, o resolver una lesión. Cuando te metes en la cirugía de la columna vertebral es como si hubieras apagado la luz y empiezas de cero. Aquí no tienes margen de error. Es una sensación de amor-odio entre el cirujano y la médula espinal (como dicen los españoles), porque trabajas con dura mater, la capa muy fina que se rompe como un papel y tienes que ser muy delicado. Casi se te olvida respirar. ¡Pero es tan bonito! Lo aposté todo en esta profesión y no me veo haciendo algo distinto”, declara el médico Ion Cociu.

Traducción: Ioana Florentina Ganea – Colaboradora del Occidente Rumano