Iglesias y fortalezas: la memoria de piedra de Transilvania

„Rumanía es un país de castillos medievales, iglesias de estilo gótico y ciudades encantadoras escondidas en algunos de los paisajes más enigmáticos de  Europa del Este. Rodeada por maravillas geográficas como los Cárpatos y el Mar Negro, con sus bosques y sus picos nevados, ofrece el entorno perfecto para el folclore específico de cada una de sus regiones.” CAITLIN MORTON, www.allaboutworldheritage.com

Para empezar, un poco de historia: en el siglo XII, varios colonos de origen sajón fundaron sus asentamientos en Transilvania, en las cercanías de la ciudad de Sibiu. Pronto, la ciudad se convirtió en la capital de la provincia. Las iglesias que construyeron ellos funcionaron como meros lugares de culto hasta el siglo XV, cuando los ataques de los turcos y tártaros los obligaron a cambiar las reglas del juego. Para enfrentarse a los invasores otomanos, los sajones convirteron sus iglesias en fortalezas. Poco a poco, las transformaron en verdaderas ciudadelas, equipadas con muros de protección, torres de observación y túneles subterráneos, dignos de los complejos militares más sofisticados. Hoy en dia  son el símbolo de su lucha por la resistencia y de su amor por la libertad.

Hay que decir desde el principio que no se trata aquí de un viaje con motivo militar o religioso. Al contrario, su propósito sigue siendo el ocio y la relajación, pero también el enriquecimiento espiritual, tan fácil de encontrar en medio de la legendaria Transilvania. Aprovechando los vuelos directos que conectan España con ciudades como Cluj, Sibiu, Oradea o Timișoara, tenemos la posibilidad de aterrizar en un tiempo récord directamente allí dónde las iglesias fortificadas de Transilvania nos esperan llenas de sorpresas.

Por supuesto, sería poco realista tener la intención de visitar las 150 iglesias y fortalezas restantes de las 300 que existían originalmente. Por cierto, la Provincia de Transilvania es la región con el mayor número de iglesias fortificadas de los siglos XIII y XVI, ¡en el mundo!

Por lo tanto, podemos optar por una ruta aleatoria, desplazándonos en coche, moto o bicicleta por la alta planicie y pernoctando en uno de los nombrosos hoteles o pintorescas pensiones rurales que abundan por todas partes. Quien quiera más comodidad, puede elegir la variante de uno de los paquetes turísticos ofrecidos por las agencias de viajes especializadas en este tipo de circuitos. El abanico es amplio y adaptado a las normas europeas vigentes.

Desde la perspectiva aérea se puede observar que la gran meseta de Transilvania extendida a nuestros pies se parece ella misma a un castillo bien vigilado. Flanqueada por los muros naturales de los Cárpatos, Transilvania es en sí misma una fortaleza. Lo ha sido siempre, rica y próspera „isla” codiciada por los invasores musulmanes quien la atacaron, tratando en vano de penetrar las fronteras del continente europeo. Nadie más que sus pacíficos habitantes fueron los que consiguieron cortar su paso, impidiendo su avance hacia el Occidente.

Sus armas eran construcciones de defensa eficaces y sólidas, que llevaban el nombre genérico de iglesias fortificadas. Durante siglos, cada vez que sonaba la alarma, la gente común compuesta por campesinos y artesanos se retiró a sus recintos, agrupándose estratégicamente y defendiéndose con obstinación y calma. A veces, después de las devastaciones, en lugar de sus aldeas encontraban nada más que ruinas. Imperturbables, con angélica paciencia, reconstruyeron todo y reanudaron sus vidas.

Su destino se parece mucho al de los habitantes de la costa mediterránea española. Desde la antigüedad, también ellos fueron atacados por piratas moros. Este paralelo histórico nos conecta con nuestros hermanos en latinidad y fe, ¡guardianes de las fronteras de Europa!

Pero volvamos a las iglesias fortificadas de Transilvania, verdaderas joyas, no solo arquitectónicas. Especialmente los valores inmateriales representadas por ellas, la historia que conservan y la ingeniosidad de sus constructores fueron motivo de su inscripción en el año 1999 entre los Bienes del Patrimonio Cultural Universal (con énfasis en la palabra „cultural” de esta distinción otorgada por la UNESCO).

Las famosas reglas según las cuales se organizaron las comunidades aldeanas dentro de estos bastiones, protegiendo así audazmente, durante siglos, las fronteras del cristianismo europeo están consideradas como bien común de la Humanidad. ¡Una forma de organizar la vida pública única en el mundo!

Como los períodos en los que vivieron en su interior podían variar, yendo desde unos pocos días hasta meses e incluso años, se necesitaba mucha calma y disciplina, cualidades en las que los sajones de Transilvania llegaron a sobresalir. La forma en que se organizaron, trasladando a pequeña escala toda su vida cotidiana de afuera hacia adentro, sirve hasta el día de hoy como ejemplo de convivencia pacífica, eficiente e impecable.

Dentro de los muros, la vida continuaba de manera habitual. Las familias se alojaban en barrios diminutos y la escuela y el servicio religioso continuaban su actividad normal., Toda familia tenía su lugar reservado en la cámara común de la iglesia y nadie tocaba la propiedad ajena (por supuesto, en caso contrario, las multas eran feroces). Almacenados con antelación, los suministros aseguraban la supervivencia de todos.

¡El mecanismo de la disciplina de aislamiento de los sajones funcionó tan bien que incluso la plaga los pasó por alto! La ciudad de Sibiu – llamada en alemán Hermannstadt – sigue siendo proverbial por el milagro de no registrar ninguna contaminación en la terrible epidemia del año 1510.

He aquí algunos ejemplos de iglesias fortificadas de Transilvania:

La joya más valiosa de la „corona” es la sede episcopal en la comuna de Biertan (Birthälm en alemán). Fue concebida desde sus principios en su forma actual, de fortaleza con 3 filas de muros concéntricos, 6 torres de defensa, 2 baluartes y 3 edificios (es decir que no se reforzó paulatinamente, como el resto de las iglesias). Curiosamente, las 19 puertas de la fortificación se pueden cerrar con una llave central. ¡Para aquellos tiempos, una innovación de importancia mundial!

La iglesia de Biertan debe su fascinación también a la torre llamada „prisión del matrimonio”, un recinto donde se acostumbraba encerrar parejas que deseaban separarse. Durante dos semanas, la respectiva pareja permanecía allí, teniendo a disposición solamente una cama, una mesa, un plato y un juego de cubiertos (sospechamos que no se les entregaba cuchillo…). La leyenda dice que durante 400 años, solo un matrimonio se mantuvo firme en su decisión de divorciar.

Otra iglesia, otras leyendas: la ciudadela de Axente Sever (Frauendorf en alemán) cumple más de 700 años y su encanto antiguo es comparable al de la Alhambra. Alberga un Museo de Objetos Sajones Tradicionales que consigue trasladar a los visitantes a la cultura de los alemanes que solían vivir por estos lugares hasta en 1989, cuando se marcharon a Alemania, después de la abolición del socialismo.

Una oportunidad inesperada de sentir el soplo de la historia es la de alquilar una de las habitaciones que se encuentran dentro de la fortaleza. El precio ronda los 10 € / noche, ¡verdadero chollo!

La iglesia de Mediaș (en alemán: Mediasch) tiene una ciudad entera a su alrededor. Casas de hada, hechas en tiempos medievales, se agrupan rodeando una torre notable, cubierta de azulejos multicolores. Según la leyenda, los constructores originalmente se propusieron alcanzar una altura por allá del famoso Stephansdom de Viena. Desgraciadamente, el Señor les dio una lección de humildad, haciéndola inclinarse a medida que avanzaban las obras. Así que se detuvieron a 70 metros, suficiente para que el vigilante de la torre vea de su puesto a los enemigos acercándose. Si fallaba sonar la alarma, su castigo estaba terrible: simplemente acababa tirado por la ventana. ¡El propio Vlad Țepeș (alias Drácula) estuvo encarcelado allí por un corto tiempo!

Ubicada cerca de la ciudad de Brașov (Kronstadt en alemán), la iglesia de Hărman (Honigsberg en alemán), con sus muros de hasta 12 metros de altura, sobrevivió a 5 plagas, 4 inundaciones y 2 incendios y nunca fue conquistada. En la misma comarca, la iglesia de Prejmer (en alemán Tartlau) está conocida por ser la más grande del sudeste de Europa. Sus muros de defensa llegan a un grosor de 5 metros. Debido a sus puentes flotantes, las 5 torres de defensa, las trampas mortales y el túnel subterráneo secreto tiene fama de invencible

En tiempos de paz, sus 272 cuartos habitables servían como almacén de suministros. En cada puerta está escrito el número correspondiente de una casa del pueblo. Las llaves solían ser heredadas en familia. Con su capacidad de 1600 personas, esta fortaleza tiene dimensiones considerables incluso para nuestros tiempos modernos.

Estas son solo algunas de las iglesias fortificadas típicas de Transilvania. Su fascinación apenas comienza a trascender las fronteras del país. Si he conseguido a despertar vuestra curiosidad, os invito a admirarlas. ¡Hasta ahora, todos los visitantes se quedaron maravillados!

Autor del artículo: Gabriela Calutiu Sonnenberg (Benissa, España)

Foto: pixabay.com